sábado, marzo 10, 2018

GIACOMO LEOPARDI “LOS CANTOS”.

1ª EDICIÓN - BIBLIOTECA SELECTA LUX ATENEA WEBZINE - PASIÓN CULTURAL POR LOS LIBROS PUBLICADOS EN PAPEL

Sigue Lux Atenea Webzine y Lux Atenea News en FACEBOOK.

Desde el año 1999 difundiendo la cultura literaria más selecta (Clásica, Medieval, Romanticismo, Decadentismo, Simbolismo, Surrealismo, Ciencia-Ficción, Misterio y Terror, Esoterismo, Mística, Religión, Filosofía, Poesía, Historia, Ciencia, Arte, Sociología, Tecnología, Empresa…) a través de la REVISTA CULTURAL ATIS&NYD (1999 - 2002), SHADOW’s GARDEN WEBZINE, OUROBOROS WEBZINE y LUX ATENEA WEBZINE (desde 2006 hasta la actualidad).


Publicado por: EDICIONES 29
ISBN: 84-7175-481-9
Edición: Enero 2000 (Primera Edición)
Páginas: 160

“Ni hubo nunca un corazón más cuerdo
que el herido de amor, ni nunca más fuerte
despreció la infausta vida”


La excelsa e inigualable obra artística del genial poeta italiano Giacomo Leopardi (1798 – 1837) siempre nos llevará a poder sentir y disfrutar de la crème de la crème literaria del Romanticismo decimonónico más espiritual. Ya desde la publicación de la Revista Cultural Gótica ATIS&NYD (1999 – 2002), la literatura decimonónica del Romanticismo se convirtió en mi eje cultural y temático principal en una época donde estos genios literarios estaban completamente olvidados en los medios de comunicación, y sin repercusión alguna en la escena cultural del momento. Como no podía ser de otra forma, Lux Atenea Webzine ha tomado ese legado y ese testigo cultural desde el año 2006 hasta nuestros días, y en este retorno a la publicación de reseñas literarias, era inevitable la presencia de este ilustre genio de la literatura del Romanticismo, siendo su excelsa obra “Los Cantos” la elegida para formar parte de esta primera edición de la Biblioteca Selecta Lux Atenea Webzine. De esta irresistible pasión que uno ha sentido desde la infancia, y sigue teniendo actualmente, por los libros editados en papel. Como analista literario, escribir esta reseña sobre la obra de Giacomo Leopardi “Los Cantos” es todo un honor. Ha sido volver a sentir el inmenso placer de su relectura, ha sido volver a experimentar el privilegio cultural que supone rememorar la relevante figura de este poeta del espíritu en este medio de información digital. Un poeta conceptualmente avanzado a su tiempo, como así podrán comprobarlo y disfrutarlo nuestros cultos lectores en los versos que vertebran su obra “Los Cantos”, descubriendo esta virtuosa fusión de clasicismo y belleza retórica armonizadas con pinceladas de modernidad, como si fuera una impactante vidriera multicolor de vivos tonos que te impresionan y cautivan, pero cuyo mensaje espiritual solamente es posible observar y comprender analizando el conjunto global desde la distancia. Así se presentará el mensaje de Leopardi en “Los Cantos”, con versos que parecen un todo en sí mismos e independientes entre ellos, pero que, en su conjunto global, adquieren esa fuerza espiritual donde el Ideal resplandece con intensidad, con esa aura muy cercana a lo místico, pero sin perder el contacto con este plano de la realidad en el cual vivimos. Una perspectiva vital que caracterizó y dio personalidad al estilo incomparable de Leopardi como poeta, y donde estos cantos les invitarán a la reflexión. A una reflexión profunda de absolutamente todo.


“¿Qué significa esta soledad inmensa? ¿Y yo, qué soy?”

La contemplación de esa ausencia de plenitud en el ser humano que observa a su alrededor Giacomo Leopardi, humildemente le llevará al Ideal para ser tomado y reverenciado como ese axis mundi trascendente alrededor del cual debería girar y regirse espiritualmente la sociedad, la cultura, y la esencia de cada individuo en ese mundo por él soñado. Pero, desde que en tiempos remotos que se pierden en la memoria, el ser humano tomó consciencia de la muerte, de su propia muerte, preguntándose a continuación qué sentido tiene su existencia en este mundo; desde ese preciso momento la Humanidad empezaría a perder definitivamente la inocencia para no volver a recuperarla jamás. Esa mirada inocente, confiada y alegre hacia la Divinidad, hacia el universo, hacia el mundo que le rodea, hacia otros seres vivos y otros seres humanos, fue perdiéndose irremediablemente porque la semilla del Mal ya había quedado plantada y enraizada en la especie humana incluso antes de esa toma de consciencia. A partir de ese momento arcaico difuso en el principio de los tiempos, tras esa pérdida de la inocencia, el resto de nuestra Historia no ha sido más que una repetición de los mismos males, de los mismos dramas, y del mismo dolor en diferentes escenarios y con distintos protagonistas, pero siempre con una permanente angustia existencial que no ha menguado en absoluto en ninguna época anterior. Un vacío espiritual interior y una sensación de estar viviendo en un mundo regido por el homo homini lupus que no ha variado un ápice ni en el pasado, ni en el presente vivido por Giacomo Leopardi en el siglo XIX, ni en la actualidad posmoderna del siglo XXI, y que seguro no va a cambiar en los próximos siglos. El ser humano ha transformado su entorno gracias a sus avances científicos y tecnológicos, ha avanzado mucho en los medios que tiene a su alcance para conseguir sus objetivos, y en la forma como los utiliza para transmitir ese saber. Unos conocimientos que permiten amplificar constantemente la manipulación humana del entorno para su confort pero, interiormente, en su verdadera esencia interior, el ser humano no ha cambiado absolutamente nada en milenios, ni siquiera el hombre primitivo viviendo en sociedades tribales regidas por antiguas creencias chamánicas aparentemente más cercanas a ese otro mundo supraterrenal de la Divinidad, se libró de esa semilla del Mal. Y, a principios del apasionante siglo XIX, el poeta Giacomo Leopardi tomó consciencia de esa realidad, negándose a aceptarla para pasar a la creencia de un Ideal que será eso mismo, un Ideal. Esa esencia espiritual suprema que une lo terrenal con lo divino, y donde el Amor romántico se transforma en la auténtica sangre espiritual del individuo que le conducirá a la eternidad. Esa misma sangre espiritual que se convertiría en la tinta que utilizará Giacomo Leopardi para escribir estos versos.

“Caen los reinos entre tanto,
pasan gentes y lenguas: ella no se da cuenta
y el hombre se arroga el orgullo de ser eterno.”


A nuestros bibliófilos lectores, lo que más les sorprenderá del arte poético de Giacomo Leopardi es su sensibilidad. Su extrema sensibilidad. Una sensibilidad unida al intelecto, al saber eterno del alma, alcanzando un nivel de armonía poética al alcance de unos pocos elegidos dentro del universo literario. En su amor al Ideal, perfuma estos poemas con la dulzura que emana de la esperanza y de la ilusión que genera que las cosas puedan cambiar. De ahí esos resplandores positivos que desprenden algunos de estos versos. Pero Leopardi no ignora el inexorable paso del tiempo en el ser humano, en sus obras, en sus eras vividas aunque fueran esas escasas Edades de Oro, siendo lo fugaz y lo intrascendente los que dominen y prevalezcan en la condición humana. Unos versos que desnudan y desvelan esos secretos que a la Humanidad no le gusta ni reconocer ni mostrar abiertamente porque, cuando lo civilizado domina una sociedad avanzada, el nihilismo y el materialismo acaban poseyendo a sus individuos; y cuando retorna esa sociedad a los valores tradicionales más unidos al medio natural, la barbarie y la superstición terminan cegando a los individuos. Frente a este obscuro y tenebroso ciclo, estos eones imperecederos, Leopardi idealiza la visión del ser humano en armonía con la Madre Naturaleza, pero apartando las creencias religiosas exotéricas de ello por el daño que han hecho a lo largo de la Historia de la Humanidad. Leopardi cree firmemente en el individuo como sol entre otros soles que hagan brillar intensamente a la sociedad y al futuro de la Humanidad, siendo lo natural y lo espiritual, el alimento que genere ese resplandor cargado de plenitud. Y con la muerte del individuo como asimilación del fin de la existencia carnal, lo eterno y lo divino adquieren una especial importancia en el mensaje trascendente de estos versos, pero sin ignorar el vacío que la ausencia de ese ser deja en quienes le amaron y aún tienen que seguir viviendo sin su presencia en este áspero e insensible mundo. Ese Amor en ausencia del ser amado también se transforma en Ideal. En esperanza de eternidad y de reunión post mortem tras haber bebido juntos la ambrosía del Amor romántico en este mundo, en este inhóspito mundo. “Los Cantos”, la iridiscente estética de los versos escritos con el lenguaje del alma, y no con el lenguaje racional del Yo y del Ego. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Lloré por lo despojada, exánime,
que se volvió para mí la vida,
la tierra convertida en árida,
encerrada en eterno hielo.”


Félix V. Díaz
RESEÑA Nº:
En Lux Atenea Webzine solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

Otras reseñas recomendadas:
GIACOMO LEOPARDI "POEMAS ELEGIDOS".
FRIEDRICH HÖLDERLIN “LAS GRANDES ELEGÍAS (1800-1801)”.
NOVALIS “POESÍAS COMPLETAS – LOS DISCÍPULOS EN SAIS”.
PERCY BYSSHE SHELLEY "PROMETEO LIBERADO".
JOHN KEATS “BELLEZA Y VERDAD”.
“LA CARNE, LA MUERTE Y EL DIABLO EN LA LITERATURA ROMÁNTICA”, MARIO PRAZ.
“EL LENGUAJE DEL DESEO, poemas de Hadewijch de Amberes”.
WILLIAM BLAKE “POESÍA COMPLETA”.
DINO CAMPANA “CANTOS ÓRFICOS Y OTROS POEMAS”.
JOHN DONNE “POESÍA COMPLETA TOMOS I y II”.
ARTHUR RIMBAUD “UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO” (Semana de la Poesía 2006 1ª EDICIÓN).
“MALLARMÉ. POESÍA COMPLETA”.
KONSTANTINO KAVAFIS “POESÍAS COMPLETAS” (Semana de la Poesía 2006 1ª EDICIÓN)
ANTONI PASCUAL PIQUÉ “RILKE O LA TRANSFORMACIÓN DE LA CONCIENCIA”.

.

No hay comentarios: